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Cinco años andando en los bordes
La revista ELBA, que es resultado de talleres que tienen lugar en la unidad 31 del penal de Ezeiza y las unidades 24 y 26 del de Marcos Paz, cumplió cinco años. En el Centro Cultural de la Cooperación se realizó el jueves la jornada “Palpar la fisura: acciones y reflexiones. Cinco años del proyecto artístico y cultural en cárceles En Los Bordes Andando”, que incluyó la presentación del número 6 de la revista y de otros materiales surgidos de talleres de música, esténcil, cine y periodismo.
Por María Daniela Yaccar

El jueves escuchamos a una mujer noruega gritando “¡odio la Argentina!”, arriba de unas bases que sonaban a Massive Attack. Pensamos en su encierro, en la desolación, en las ganas de estar en su tierra. Pensamos en los que no llegaron al festejo (que no pudieron atravesar los muros) por los vericuetos de la Justicia, pero también hablamos de la Justicia injusta y dijimos que, de algún modo, estaban. Estaban en escritos de la revista ELBA, en las voces de sus compañeros, en Lidia, en Leo, Cristian.En Mauro que se acercó como representante del grupo musical Portate Bien del Centro Universitario de Devoto (los luchadores se unen, qué mejor que eso), en Silvina que llegó acompañada de su mamá. En cada uno de nosotros los que no estaban estuvieron. El lechón fue un protagonista más, desglosado en una mesa y servido en tacos, a la mexicana. El menú incluyó sanguchitos de miga. Así, con muchas emociones, con alegrías por sobre las tristezas, festejamos un cumpleaños que es el cumpleaños de muchos, el quinto de la revista ELBA, sigla que significa En Los Bordes Andando. Esta celebración incluyó la presentación del sexto número.
Qué loco que los bordes se trasladen de los bordes(”bordes” es una palabra más linda y adecuada que “márgenes”) hacia la calle Corrientes. Copamos el tercer piso del CCC, las dos salas, a pura música, poesía, esténcil y periodismo. Luis Sanjurjo, popularmente conocido como El Chino, coordinó la movida de la que participaron profesores de los talleres que aceitan la gran maquinaria en la que se convirtió ELBA (comenzó siendo un proyecto de pensamiento y escritura y luego se volvió multidisciplinario), algunos de los artistas que son parte de este sueño que es una realidad, alumnos del Chino de su cátedra en la UBA, amigos, amigos de amigos, parejas, algún hijo. Todos unidos en el mismo sentimiento, de que donde hay dolor habrá canciones, como dice el Indio Solari.
O como dijo Paco Urondo, desde el mismísimo centro que nosotros hoy cuestionamos (la cárcel, en su caso la de Devoto): “Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad, la única irreal es la reja”.
Hicimos una ronda, al principio, para presentarnos. Carolina Iannuzzi, alias La Tana, personaje del mundillo del arte carcelario, regaló un stand up para todos que rompió el hielo. Ella también la lucha desde su lugar: da un taller de teatro en la unidad 46 de José León Suárez y en años pasados también dio una jornada introductoria a miembros de ELBA. Había mucha gente: al momento de las charlas el lugar quedó copado de público. Se acercó también a apoyar la movida el director del Servicio Penitenciario Federal, Alejandro Marambio, que llegó con su hijo. El funcionario habló de las malas condiciones de las cárceles y dijo que se acercó con el fin de mostrar eso, un apoyo a este proyecto. “El espacio carcelario es deteriorante. No es que un taller va a eliminar la tensión y el dolor, pero esono nos quita la obligación de abrir el espacio”, sostuvo.
Los docentes que participaron son Alejandro Dallochio (cine), Federico Giuliani, Ezequiel Requejo, Nicolás Franchesini (Proyecto Escuchame), Jimena Zeitune, Santiago Spigariol, Lucía Abreu (esténcil) y esta cronista (periodismo).
El Chino mencionó varias veces a Fernando Carrera, nombre que no podía faltar en un encuentro que sirvió para pensar la Justicia, que es el tema del número aniversario de la ELBA. En una mesita afuera de la sala Jacobo Lacks estaban allí, apiladitas, esas bellas revistas, en contenido y en forma. Las tapas elaboradas en esténcil por los chicos del penal de Marcos Paz y las chicas de Ezeiza quedaron buenísimas. Había algunas con el encadenado de Patricio Rey, otras con dos viejitos en la playa, otras con un símbolo de un peso que terminaba con la boca abierta de una serpiente, otras con calaveras. Múltiples modelos, un mismo mensaje, crítico del sistema capitalista y amante, fanático, de la libertad. La libertad es fiebre, tormenta mental, es ELBA, porque en ELBA se libera, por suerte, la palabra.
“Esto es rizomático”, dijo El Chino, acompañado por sus músicos de Pléyades, que estaban ahí, haciéndole el aguante.El formato de este cumpleaños de ELBA estaba inspirado en Gilles Deleuze y Félix Guattari (hay que decir que ELBA es una publicación ante todo filosófica, pues se propone a los que escriben que lo hagan sobre conceptos puntuales, como poder, muerte, sexo y etcéteras).”Rizoma” es un concepto filosófico tomado de la botánica, que –en síntesis muy propia de quien suscribe– remite a lo desperdigado, a múltiples líneas de sentido que confluyen en un punto, pero no hay un conocimiento líder que gobierne a los otros. El Chino dijo aquello, seguramente, porque toda ELBA estaba por el tercer piso: en los videos que los que asistieron dejaron para los integrantes del proyecto, elaborados in situ con una cámara fotográfica, en la intervención a las revistas con stickers, en la música del Proyecto Escuchame, en las palabras que Lidia leyó de María, una húngara que está participando del taller de periodismo.
Y como es mi alumna, puedo decir que la experiencia con María es de las más fuertes que tuve en mi vida, porque María apenas sabe hablar español y ahora la veo traduciendo sus textos a tres idiomas para que se plasmen en ELBA.
Faltó Yair, otro de los protagonistas de este sueño, cabeza de una productora cultural llamada Hacer Haciendo. Lo extrañamos.
ELBA estaba en todos lados, en el lechón, en las tapas colorinches, en el cuento de terror que asustó a todos (de Silvina Prieto), que ella dejó grabado arriba de una guitarra. En Fernando Carrera, en las contundentes palabras de Miguel Galeano, y en un corto sobre la vida de Leo, un chico que también andaba por allí, que además de escribir juega a la pelota. Y con una metáfora acerca de los partidos perdidos y ganados, Leo contó un poco su vida. Al final de la proyección dijo, para todos, que estaba emocionado.
Qué lindo que se acercara Mauro, un chico que estuvo en Devoto y que formó, junto a otros compañeros, una banda de música con letras propias y sonidos propios. Estas son las batallas ganadas.
Qué lindo, también, ver a Lidia, que dijo que llegó tarde porque está trabajando haciendo pan, eligiendo un texto de ELBA para compartir. Qué lindo que ese texto haya sido uno de María sobre la maternidad. María, la húngara de la que hablé, que entregó a la revista un texto simplísimo y bello.
Qué lindo ver a Silvina con su mamá concertista pegadas, juntas, porque así quieren estar todos los días.
Qué lindo que los alumnos del Chino se hayan interesado tanto en ver esto. Se los veía haciendo notas a los talleristas y a los artistas.
Qué lindo tooooodo el discurso de Lidia, que tenía que ver con el futuro. Lidia, que es muy callada usualmente, una poetisa de perfil bajo, dijo: “Pensemos en nuestros hijos, en lo que les dejamos. Pienso en Siria, en la guerra, hablan de misiles… y yo pienso en mis hijos”.
Esta tarde, sin dudas, la única irreal fue la reja.
NOTA ORIGINAL EN LA WEB
Por María Daniela Yaccar
El jueves escuchamos a una mujer noruega gritando “¡odio la Argentina!”, arriba de unas bases que sonaban a Massive Attack. Pensamos en su encierro, en la desolación, en las ganas de estar en su tierra. Pensamos en los que no llegaron al festejo (que no pudieron atravesar los muros) por los vericuetos de la Justicia, pero también hablamos de la Justicia injusta y dijimos que, de algún modo, estaban. Estaban en escritos de la revista ELBA, en las voces de sus compañeros, en Lidia, en Leo, Cristian.En Mauro que se acercó como representante del grupo musical Portate Bien del Centro Universitario de Devoto (los luchadores se unen, qué mejor que eso), en Silvina que llegó acompañada de su mamá. En cada uno de nosotros los que no estaban estuvieron. El lechón fue un protagonista más, desglosado en una mesa y servido en tacos, a la mexicana. El menú incluyó sanguchitos de miga. Así, con muchas emociones, con alegrías por sobre las tristezas, festejamos un cumpleaños que es el cumpleaños de muchos, el quinto de la revista ELBA, sigla que significa En Los Bordes Andando. Esta celebración incluyó la presentación del sexto número.
Qué loco que los bordes se trasladen de los bordes(”bordes” es una palabra más linda y adecuada que “márgenes”) hacia la calle Corrientes. Copamos el tercer piso del CCC, las dos salas, a pura música, poesía, esténcil y periodismo. Luis Sanjurjo, popularmente conocido como El Chino, coordinó la movida de la que participaron profesores de los talleres que aceitan la gran maquinaria en la que se convirtió ELBA (comenzó siendo un proyecto de pensamiento y escritura y luego se volvió multidisciplinario), algunos de los artistas que son parte de este sueño que es una realidad, alumnos del Chino de su cátedra en la UBA, amigos, amigos de amigos, parejas, algún hijo. Todos unidos en el mismo sentimiento, de que donde hay dolor habrá canciones, como dice el Indio Solari.
O como dijo Paco Urondo, desde el mismísimo centro que nosotros hoy cuestionamos (la cárcel, en su caso la de Devoto): “Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad, la única irreal es la reja”.
Hicimos una ronda, al principio, para presentarnos. Carolina Iannuzzi, alias La Tana, personaje del mundillo del arte carcelario, regaló un stand up para todos que rompió el hielo. Ella también la lucha desde su lugar: da un taller de teatro en la unidad 46 de José León Suárez y en años pasados también dio una jornada introductoria a miembros de ELBA. Había mucha gente: al momento de las charlas el lugar quedó copado de público. Se acercó también a apoyar la movida el director del Servicio Penitenciario Federal, Alejandro Marambio, que llegó con su hijo. El funcionario habló de las malas condiciones de las cárceles y dijo que se acercó con el fin de mostrar eso, un apoyo a este proyecto. “El espacio carcelario es deteriorante. No es que un taller va a eliminar la tensión y el dolor, pero esono nos quita la obligación de abrir el espacio”, sostuvo.
Los docentes que participaron son Alejandro Dallochio (cine), Federico Giuliani, Ezequiel Requejo, Nicolás Franchesini (Proyecto Escuchame), Jimena Zeitune, Santiago Spigariol, Lucía Abreu (esténcil) y esta cronista (periodismo).
El Chino mencionó varias veces a Fernando Carrera, nombre que no podía faltar en un encuentro que sirvió para pensar la Justicia, que es el tema del número aniversario de la ELBA. En una mesita afuera de la sala Jacobo Lacks estaban allí, apiladitas, esas bellas revistas, en contenido y en forma. Las tapas elaboradas en esténcil por los chicos del penal de Marcos Paz y las chicas de Ezeiza quedaron buenísimas. Había algunas con el encadenado de Patricio Rey, otras con dos viejitos en la playa, otras con un símbolo de un peso que terminaba con la boca abierta de una serpiente, otras con calaveras. Múltiples modelos, un mismo mensaje, crítico del sistema capitalista y amante, fanático, de la libertad. La libertad es fiebre, tormenta mental, es ELBA, porque en ELBA se libera, por suerte, la palabra.
“Esto es rizomático”, dijo El Chino, acompañado por sus músicos de Pléyades, que estaban ahí, haciéndole el aguante.El formato de este cumpleaños de ELBA estaba inspirado en Gilles Deleuze y Félix Guattari (hay que decir que ELBA es una publicación ante todo filosófica, pues se propone a los que escriben que lo hagan sobre conceptos puntuales, como poder, muerte, sexo y etcéteras).”Rizoma” es un concepto filosófico tomado de la botánica, que –en síntesis muy propia de quien suscribe– remite a lo desperdigado, a múltiples líneas de sentido que confluyen en un punto, pero no hay un conocimiento líder que gobierne a los otros. El Chino dijo aquello, seguramente, porque toda ELBA estaba por el tercer piso: en los videos que los que asistieron dejaron para los integrantes del proyecto, elaborados in situ con una cámara fotográfica, en la intervención a las revistas con stickers, en la música del Proyecto Escuchame, en las palabras que Lidia leyó de María, una húngara que está participando del taller de periodismo.
Y como es mi alumna, puedo decir que la experiencia con María es de las más fuertes que tuve en mi vida, porque María apenas sabe hablar español y ahora la veo traduciendo sus textos a tres idiomas para que se plasmen en ELBA.
Faltó Yair, otro de los protagonistas de este sueño, cabeza de una productora cultural llamada Hacer Haciendo. Lo extrañamos.
ELBA estaba en todos lados, en el lechón, en las tapas colorinches, en el cuento de terror que asustó a todos (de Silvina Prieto), que ella dejó grabado arriba de una guitarra. En Fernando Carrera, en las contundentes palabras de Miguel Galeano, y en un corto sobre la vida de Leo, un chico que también andaba por allí, que además de escribir juega a la pelota. Y con una metáfora acerca de los partidos perdidos y ganados, Leo contó un poco su vida. Al final de la proyección dijo, para todos, que estaba emocionado.
Qué lindo que se acercara Mauro, un chico que estuvo en Devoto y que formó, junto a otros compañeros, una banda de música con letras propias y sonidos propios. Estas son las batallas ganadas.
Qué lindo, también, ver a Lidia, que dijo que llegó tarde porque está trabajando haciendo pan, eligiendo un texto de ELBA para compartir. Qué lindo que ese texto haya sido uno de María sobre la maternidad. María, la húngara de la que hablé, que entregó a la revista un texto simplísimo y bello.
Qué lindo ver a Silvina con su mamá concertista pegadas, juntas, porque así quieren estar todos los días.
Qué lindo que los alumnos del Chino se hayan interesado tanto en ver esto. Se los veía haciendo notas a los talleristas y a los artistas.
Qué lindo tooooodo el discurso de Lidia, que tenía que ver con el futuro. Lidia, que es muy callada usualmente, una poetisa de perfil bajo, dijo: “Pensemos en nuestros hijos, en lo que les dejamos. Pienso en Siria, en la guerra, hablan de misiles… y yo pienso en mis hijos”.
Esta tarde, sin dudas, la única irreal fue la reja.
NOTA ORIGINAL EN LA WEB
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